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dilluns, 29 de gener de 2018

VOCES DE REVUELTA

Los poemas surgen de la necesidad expresiva del ser ante su circunstancia, sus lecturas, sus vivencias o su propio ser. A veces esa necesidad se convierte en confesión sincera y es cuando la poesía se gesta desde la tripa y explota en el papel. Es el caso de Mariano Martínez, que nos recuerda que estamos en el mismo bucle de injusticias sociales desde tiempos inmemorables. Por eso recurre a Jorge Riechman en el poema que abre la primera parte del libro “Calles convulsas” refleja “Unos pocos hacen historia:/ los más la sufren.” Poema que preludia el fulgor de una artillería poética, la de Mariano, impactante y sin concesiones.
El poema “Gritos de verso” es el primer proyectil del libro y avanza como un manifiesto las intenciones del poeta. “Yo busco el verso desnudo,/ despojado de oropeles/ y superfluos adornos,/ duro como el pedernal/ o la bala que mata al tirano.” Mariano advierte que la poesía no puede estar disociada de la justicia. Ética y estética van de la mano. Reivindica la voz de Gabriel Celaya, otro de los grandes poetas silenciados por la democracia española. La lucha obrera impide al poeta expresarse con la calma que desearía, demasiada violencia, demasiada indiferencia “Quiero arrancar las máscaras/ y que “el yo no sabía”/ se convierta en farsa inaceptable,/ en puro teatro del absurdo.” Mariano, desde su postura moral, no puede desdoblar su poética hacia el canto del amor o la belleza en el sentido clásico, ni tan siquiera, permitirse ser críptico “Pero tus poemas, llenos de misterio,/ ¿dan calor al sin techo,/ sirven al parado, al precario,/ que recorre de puntillas,/ la mitad de cada mes.”
“Voces de revuelta” trata de algo que a veces se escapa al poeta por la vía de la abstracción, eso que llamaríamos la honestidad de la poesía, tan escasa en nuestra época, si ésta debe tener una función es sin duda denunciar lo que se oculta tras la capa del mundo urbano y deshumanizado “Golpeo en el yunque el lenguaje caduco,/ lenguaje de fracasos y derrotas.” Pero no todo esta perdido, el poeta lucha por la ansiada utopía. Hay pues, en los versos del poeta una tenue pero bien afirmada fe en la humanidad, por eso el lenguaje debe ser una herramienta precisa para invertir las prioridades de la sociedad “Quiero reescribir la historia,/ convertir perdedores en héroes,/ indigentes en dueños,/ policías en cuidadores de ancianos, empresarios...”.
En muchos de los poemas de Mariano se despliega el resentimiento cada vez que mira hacia atrás, es una colección de derrotas que desalientan, el presente tampoco es mejor, incluso la represión se estiliza bajo capas de pintura amable “...Rastreo calles y plazas/ entre caretas y sombras/ que llenan los espacios del hombre.” La ciudad es el monstruo que aliena las personas, los suburbios, como “granjas humanas” en palabras de Slavoj Zizek. Y el fenómeno necesario para que el sistema se sostenga, la mentira aceptada como verdad “necesaria”. El poeta deshoja todas las miradas del sentimiento de frustración.
En la parte titulada “Del arte” la poesía adquiere una proyección más estética y depurada “En la lucha por el verso puro/ comprimo la idea/ y dejo en el aire el complemento.” Hay un posicionamiento íntimo por la integridad del yo en la honestidad con la lealtad colectiva, pero esta vez es a través del arte “¿De que color pinto/ la patera astillada/ la desesperación de unos brazos/ elevándose al cielo/ en lucha con las olas?” Existe un combate interno en el poeta, debe ir más allá de lo evidente a través de la palabra. El arte, la poesía se transmite en el dolor humano tangible, en la indignación de la injusticia.
La última parte del libro “Presencias y ausencias” comienza con unos poemas de tono autobiogràfico “Pronto abandoné la fila/ para caminar en silencio/ por trochas y atajos./ Lejos de orden y arenga.” La desconfianza aparece con la experiencia, demasiadas heridas, pero el poeta no se resigna “Parar es precipitar el ocaso.” Y a esto no está dispuesto, el poeta no se rinde. En “Efluvios de mentira” ataca la mal llamada “posverdad” -palabra del año- y en “Viaje sin retorno” como Antonio Machado, desea partir cuando llegue la hora sin hacer demasiado ruido “Quiero alejarme/ despacio,/ a la velocidad del perdón,/ sin dejar cuentas pendientes/ y cerrar la puerta sin golpe.” Nada más puede definir la intención de una poesía honesta, seria, sin oropeles, escrita desde el compromiso social, desde la tripa del humano que reconoce otro humano por la identificación del poeta con las cadenas invisibles que le sujetan a la ciudad, a la injusta explotación obrera y a la sordidez de la injusticia cotidiana a la que nos quieren acostumbrar. Mariano Martínez, obrero anónimo, poeta y sobre todo, porque de esto va “Voces de revuelta”, un ser humano.
Jordi Valls

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